Julio Hermoza

Existen libros que no se limitan a contemplar el paisaje, sino que lo habitan desde la entraña, devolviéndole a la palabra poética el pulso de la tierra y la urgencia de la resistencia comunitaria. Sanchiu, el poemario de la escritora wampis Dina Ananco, se instala con fuerza en esa estirpe de obras que entienden la escritura como un acto de afirmación identitaria: un puente dinámico entre la memoria ancestral de los pueblos amazónicos y las heridas punzantes de la modernidad.

Desde sus primeros poemas, la voz de Ananco establece un diálogo entrañable y desgarrador con los mitos y las entidades sagradas que habitan su territorio de origen. En textos como «Ayaymama» o «Niña vena paternal», el paisaje no es un mero telón de fondo bucólico, sino un territorio vivo y vibrante atravesado por el dolor, el trabajo extenuante y el peso de la historia familiar («Santiago tenebroso, donde aprendió a leer las penas de la naturaleza / retorcerles el alma a los gusanos»). La naturaleza wampis late con sus propios ritmos —el río, la canoa, la anaconda vigilante, la madre Nunkui—, pero sin dejar de cargar con las marcas de un despojo histórico que la poesía asume sin subterfugios complacientes. 

Primera edición de Sanchiu

Lo notable en la propuesta de Ananco es su capacidad para articular el legado histórico con las tensiones del presente: las trayectorias migratorias y la autoconciencia urbana. En poemas como «No sé ustedes», el yo lírico transita con una lucidez irónica y luminosa entre los atributos de su identidad wampis —el tarach, las semillas, el achiote— y los códigos globales de las redes sociales y el espejo occidental («Suelto mi larga cabellera y me veo en el espejo / Soy wampis / Oh, my god! Arutmarua / Sí, soy wampis con este atuendo hermoso / Me tomo fotos para mi Facebook / En menos de 1 hora tengo 5 mil likes»). Este bamboleo constante entre la pertenencia comunitaria y el extrañamiento contemporáneo dota a los versos de una vibración singular, donde la identidad nunca es un objeto fijo y estático, sino un cuerpo en movimiento. 

Asimismo, el poemario reivindica con firmeza la soberanía del cuerpo femenino frente a la violencia y el silenciamiento. En piezas como «Soy mujer y puedo», la afirmación se vuelve trinchera y declaración de autonomía: «No soy un árbol para quedarme muda / mientras golpean mi tronco. / No, y no / no soy una tortuga para que me maten a golpes, a machetazos / mientras mi corazón palpita». Del mismo modo, la memoria de la infancia y el desarraigo lingüístico reaparecen con conmovedora sencillez en escenas cotidianas como comprar un pan sin dominar del todo el castellano, convirtiendo un acto doméstico en una microhistoria de supervivencia, dignidad y resistencia.

Dina Ananco

En suma, Sanchiu se erige como un poemario imprescindible de la literatura indígena contemporánea del Perú. Dina Ananco nos entrega una obra donde la palabra poética —bilingüe, ambivalente— funciona como territorio de tránsito y de retorno, recordándonos que alzar la voz desde la memoria wampis es, ante todo, ver en ellos a sujetos políticos reales con verdadera capacidad para decidir sobre sus territorios y sus condiciones materiales de existencia.

Año de publicación: 2023 (Publicado originalmente en 2021)

Editorial: Pakarina

Páginas: 126

Esta reseña es parte del proyecto Mujeres que escriben: cartografía de escritoras regionales que construyen identidades desde la palabra, beneficiario de los Estímulos Económicos para el Libro y la Lectura 2025.