Julio Hermoza

Hay libros que no buscan complacer al lector ni ofrecerle eufemismos líricos para mitigar el horror; por el contrario, operan como una cirugía a hueso abierto sobre las zonas más oscuras y silenciadas de la experiencia humana. Rompehuesos, el impactante poemario de Karuraqmi Puririnay, pertenece a esa nómina selecta de obras desgarradoras que hacen de la autoflagelación simbólica y de la disección anatómica un territorio de resistencia. Desde sus primeros versos, donde la voz lírica sentencia con trágica contundencia "Hubo dos errores en mi vida. / El primero: haber nacido / y el segundo: parir a la niña", el libro dinamita los mitos fundacionales de la maternidad idílica para adentrarse en los sótanos de la culpa, la violencia intrafamiliar, el trauma doméstico y el dolor que se hereda cual enfermedad.

A lo largo de sus páginas, la estructura poética de Karuraqmi despliega una geografía corporal donde los fluidos, las vísceras y los escombros orgánicos se convierten en el único lenguaje posible. Lejos de la metáfora ornamental, la autora recurre a un inventario descarnado de fluidos y deshechos corporales —la herida queloide, la leche agria, la bilis, los restos fecales y las sábanas de hospital— para cartografiar una genealogía matriarcal rota por el dolor, la violencia y el trauma. El cuerpo materno no es un refugio, sino un campo de batalla; la figura paterna, una sombra violenta tan violenta como espectral ("mi padre fue el peor padre del mundo... me enseñó el amor con sus manos, y me enseñó el silencio y me enseñó con exacta precisión el arte de no sentir dolor").

Lo notable en la propuesta de Karuraqmi Puririnay es cómo esta inmersión en el abismo no decae en el mero efectismo escabroso, sino que se sostiene mediante una ambición formal deslumbrante. Los poemas basculan entre versos de aliento narrativo y composiciones visuales donde las palabras se fragmentan, caen en cascada o se asfixian en el espacio en blanco, mimetizando el ahogo físico y mental de quien habita una "placenta de crueldad". En este periplo, la voz poética cruza los límites de la alteridad hasta devorar simbólicamente a la propia hija —"la he devuelto a mi vientre, la hice volver a mi sangre porque no la quería fuera"— en un intento desesperado por expiar los demonios de una estirpe condenada.

En suma, Rompehuesos se erige como uno de los poemarios más viscerales, arriesgados y desoladores de la poesía contemporánea peruana. Karuraqmi Puririnay nos entrega una estimulante obra dolorosa, un artefacto literario donde la memoria familiar y la violencia cotidiana se quiebran sin remisión, recordándonos que a veces la única forma de habitar los propios escombros es aprender a nombrar la grieta exacta donde la sangre dejó de ser roja para convertirse en palabra.

Karuraqmi Puririnay

Año de publicación: 2026

Editorial: Alastor

Páginas: 132

Esta reseña es parte del proyecto Mujeres que escriben: cartografía de escritoras regionales que construyen identidades desde la palabra, beneficiario de los Estímulos Económicos para el Libro y la Lectura 2025.