
Julio Hermoza
Lejos de la lírica introspectiva que se regodea en la abstracción pura, la poesía de Luz Gina prefiere construir su morada sobre la rugosidad de la materia y la tensión de los sentidos. En Presagio de libélulas (o acerca de los sentidos), el dolor no es una simple categoría conceptual. Por el contrario: es una entidad palpablemente física que se adhiere a las paredes de adobe, se disuelve en el agua turbia de los ríos y se incrusta en los minerales de la tierra. Como si el "presagio" del título no fuera una mera premonición abstracta, sino el aleteo sutil y fugaz de una libélula que activa el tacto, la mirada, el gusto, el olfato y el oído, la autora despliega un inventario de afecciones donde la memoria opera como un registro arqueológico. Cada verso desentierra vestigios de un cuerpo amado que se desvanece entre pasillos fríos, salas de hospital y geografías desoladas.
A nivel formal y conceptual, el poemario articula un constante contrapunto entre lo telúrico y la fragmentación de la percepción corporal. Si en una primera instancia los poemas parecen estar situados en una naturaleza íntima y presumiblemente andina —el maíz en ebullición, el canto silente de las parihuanas, la fenología de los árboles—, pronto irrumpen la tragedia contemporánea junto con la saturación sensorial: la aguja, el frasco de medicina, las cortinas blancas y la vibración estéril de los aparatos de monitoreo. Con destreza, Luz Gina logra que la agonía personal no quede aislada en el lamento, sino que se convierta en una indagación ética y estética sobre el cuerpo que siente, padece y recuerda ante la inexorabilidad del final.
En suma, Presagio de libélulas (o acerca de los sentidos) es una placa de sostenida tensión poética que no busca consolar ni mucho menos anestesiar los sentidos. Es, por el contrario, la cartografía de una despedida trazada sobre tazas de barro rotas, humo de incienso quemado y sábanas frías. Un ejercicio de honestidad desconcertante donde Luz Gina nos recuerda que, aun cuando la piel se descompone y la vida parece detenerse, los sentidos siguen siendo nuestra última trinchera para medir la profundidad exacta de la herida.

Luz Gina Gálvez
Año de publicación: 2025
Editorial: Lliu Yawar
Páginas: 90
Esta reseña es parte del proyecto Mujeres que escriben: cartografía de escritoras regionales que construyen identidades desde la palabra, beneficiario de los Estímulos Económicos para el Libro y la Lectura 2025.
